San Luis Potosí, S.L.P. 14 de Noviembre de 2018
LA CULPA
Gustavo Zúñiga González | 16/08/2016

En materia civil, los elementos característicos de un hecho ilícito, son la antijuricidad, la culpa y el daño.

 

Antiguamente, en los inicios de la organización social humana, la represión al causante de un daño, por medio de la venganza privada, obraba casi de manera mecánica, sin dar la posibilidad a quien ocasiono el daño de demostrar si lo había causado con la intención o si éste provenía de otras fuerzas o circunstancias.

 

El concepto de culpa, como condicionante del nacimiento de responsabilidad civil y supuesto del hecho ilícito, es indudablemente un avance de la civilización, un progreso importante de la ciencia jurídica respecto de las concepciones que se tenían del puro derecho de venganza.

 

El hombre primitivo no se preocupaba de la culpabilidad del que le lesiona, su instinto reaccionaba ciegamente contra cualquier ataque a su persona o a sus bienes “Hiere a quien le hiere”, ya sea un niño, un loco o un animal.

 

Es por eso, que la consagración de la culpabilidad como elemento del hecho ilícito, es una conquista moral, que permite sancionar sólo a quien pudo evitar la producción del daño y no lo hizo y por tanto, eximiendo de responsabilidad al causante accidental  o a quien no  incurrió en falta alguna de conducta.

 

 

 

 

 

Para una mejor comprensión de la culpa,  la definiremos como;  “Un matiz o color particular de la conducta, una calificación del proceder humano que se caracteriza porque su autor ha incurrido deliberada o fortuitamente en un erro de conducta, proveniente de su dolo, de su incuria o de su imprudencia.”

 

Cuando el error no ha sido intencional, sino consecuencia de una falta de cuidado o porque se ha procedido con imprudencia, negligencia, incuria o torpeza, se dice que hay culpa en sentido estricto, mientras que cuando el error de conducta se comete a propósito, se incurre en dolo.

 

En el derecho, ciencia que regula el comportamiento social del hombre, esta evolución tan trascendente que ha tenido la figura de la culpa ha provocado grandes beneficios a los actores de algún error de conducta, pues indiscutiblemente es necesario que las normas jurídicas castiguen al individuo antisocial y malévolo de distinta manera que al torpe o descuidado.

 

Es por eso que la eficiente regulación de ésta figura jurídica, tiene un importante impacto en el derecho positivo, permitiéndole al juzgador una mejor  comprensión  del matiz de conducta  de la persona que ha cometido un daño y así responsabilizarla de la reparación de éste, siempre y cuando lo ocasiono actuando intencionalmente o al causante que podido evitar el daño no lo haya hecho.